El lunes pasado veo a este chico en el salón de adiestramiento de mi trabajo, su cara me era muy familiar, sus brazos llenos de tatuajes los había visto antes y algo en mi me decía que yo lo conocía… ¿Pero de dónde? Ese día en específico era mi turno de presentarle a los soldados como crear un plan de transición de carrera exitoso. Mientras esperaba mi turno en el pasillo, podía ver a este chico sentado entre las primeras filas del salón. Y luego de unos minutos me encontré recordando mis tiempos en Alaska, y de allí es que surge la conexión, ¡ Él fue mi vecino en Alaska, pero que mundo pequeño! Chico de tatuajesLuego de casi 8 años vuelvo a ver a mi vecino y para completar yo había sido asignada como su consejera de carrera.  Me sentí tan contenta, mi sonrisa lo decía todo, al entrar al salón de adiestramiento y presentarme me sentí muy orgullosa de poder colaborar con mi experiencia a estos soldados, pero en especial a este “coastie”de la Guardia Costera de los Estados Unidos que había conocido hace 8 años y hoy estaba allí para yo apoyarle. ¡Que casualidad! 

Una de las enseñanzas más grandes de la vida militar para mi lo ha sido el conocer personas maravillosas y crear nuevas amistades. Siempre vivo con la filosofía de que “tenemos que hacer bien, sin mirar a quién, ya que el mundo es pequeño y nos volveremos a ver”. De esta manera es que he logrado adaptarme a este vida, en cada “tour” militar mi esposo y yo apoyamos de una manera u otra a todo aquel que el destino nos pone en nuestro camino. Y lo más lindo es la diversidad de culturas y nacionalidades, desde estadounidense, venezolanos, puertorriqueños, salvadoreños, cubanos, samoanos, filipinos…bueno la lista es larga.

En las próximas semanas tengo una visita en mi hogar, una muy especial, y es otro “coastie” puertorriqueño que también fue vecino nuestro hace 12 años, cuando estábamos estacionados en Florida. Este tipo de oportunidades son las que me hacen siempre recordar la importancia de ser personas transparentes, ser siempre los mismos y dar lo mejor de nosotros sin importar la persona. Hacer la diferencia en tu vida significa reconocer esas cosas particulares en las cuales podemos dejar legado, sentar precedente y reconocer que tenemos la capacidad de apoyar a otras personas sin discriminar su manera de ser o forma pensar.

Día a día me dedico a hacer la diferencia, me aseguro que mis palabras y acciones inspiren, que lo que comparta sea para apoyar a los demás… para que cuando nos volvamos a ver me pueda sentir tan orgullosa de poderte saludar y decir ¡Pero que mundo tan pequeño, que gusto volverte a ver! Como hace tiempo alguien me dijo, ¡No son casualidades son Diocidades!  Dios tiene un plan para cada persona que conocemos en nuestra vida, la pregunta es: ¿Cómo quieres ser recordado? 

“El mayor regocijo de la vida es volverte a encontrar y sentirme orgulloso de quien fui, soy y seré.”